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¿No funciona el protagonista? ¡Soluciones!

Algunas historias no funcionan porque el personaje principal no está bien definido o no es el motor de la historia ni el cicerone de un mundo fabuloso. La estrella no es necesariamente el personaje que amamos.

¿Cómo identificar al protagonista?

A poco de comenzar una película o una serie tenemos claro quién es el héroe o la heroína de la historia. En principio quien mayor presencia en pantalla durante la presentación de la trama. Pero no solo esto. El personaje protagonista:

  • Construye la trama. Quiere algo y va a por ello: Daniel Day-Lewis en Pozos de ambición. Uma Thurman en Kill Bill.
  • El que soluciona problemas de otros por deber (médico, policía) o por espíritu de sacrificio: Clive Owen en Hijos de los hombres. Charlize Theron en Mad Max: Fury Road.
  • El que sobrevive a la trama: Sigourney Weaver en Alien. Tom Cruise en Minority Report.
  • Quien deja de ser víctima y toma las riendas: Cary Grant en Con la muerte en los talones. Jim Carrey en El show de Truman.
  • El aprendiz de héroe: Keanu Reeves en Matrix. Jennifer Lawrence en Los juegos del hambre.
  • El que busca/sufre el amor: Heath Ledger en Brokeback Mountain. Olivia de Havilland en La heredera.

Si quieres que el personaje que amas sea el héroe o la heroína no lo conviertas en un simple observador, complica su vida y llévalo hasta el final con todas las consecuencias.

El observador

El borrador describe con detalle una época opresiva o un mundo gris. El héroe o la heroína propuesto es un testigo de este mundo. Un funcionario. Un empleado común en un engranaje industrial o corporativo. Una joven disconforme pero pasiva. Cualquiera de estos personajes es válido, pero el guion no avanzará si permanece como observador.

Cuando el protagonista es un observador, la historia corre el riesgo de estancarse. Ocurre si el guionista ocupa las páginas con la anodina vida privada y doméstica del personaje.

Un personaje observador funciona en la novela (narrador testigo). Está dentro de la historia pero no influye en ella. En un guion puede ser interrogador de la policía (Big Little Lies) o periodista (Ciudadano Kane).

¿Podemos seguir Ciudadano Kane sin el personaje del periodista? Podemos.

Un observador también funciona cuando se introduce en un mundo fantástico: Gulliver, Una vida a lo grande.

Si quieres que un observador se convierta en protagonista debe pasar a la acción.

James Stewart en La ventana indiscreta es un ejemplo de cómo un observador pasa a la acción aunque por delegación. Al no poder dejar la silla de ruedas convence a Thelma Ritter y Grace Kelly para participar en la aventura de atrapar a un criminal.

Si observas o intuyes que la historia está estancada porque tu personaje es un observador:

  1. Prueba a colocar al personaje tan cerca de la acción que se vea obligado a actuar.
  2. Dale un motivo creíble para querer cambiar las cosas. Examina el camino del héroe: puede ayudarte a dar forma a tu guion.
  3. El estado o la sociedad no son villanos aunque creas que sí. Pon cara y nombre a un personaje que represente la opresión. Este villano no tiene porqué estar en el escalón superior. Puede ser una autoridad menor o incluso un simpatizante.

Una solución radical: elimina a la falsa estrella. Mira si funciona la historia sin el personaje observador.

El personaje mágico o científico genial

El borrador propone como protagonista a un personaje mágico o un científico con cachivaches increíbles. El personajes fabuloso resuelve los problemas de la gente corriente antes de que vayan a peor. No hay drama porque la magia o la tecnología lo desactiva. ¿Dónde queda la emoción?

funcionan:

  • Las historias protagonizadas por personajes mágicos y científicos-fantásticos en mundos no reales. Harry Potter no resuelve los problemas de las trabajadoras de una fábrica de tornillos. Harry lidia con magos oscuros y ogros.
  • Los personajes mágicos en historias episódicas. Mary Poppins no soluciona la vida de la familia inglesa con sus poderes. La gracia de la película está en los mundos de fantasía y personajes extravagantes que conocemos a través de la niñera.
  • Personajes fantásticos con dificultades de adaptación a la realidad. Eduardo Manostijeras.

Si tu protagonista es un personaje mágico o un científico genial en un mundo ordinario:

  • Crea un opositor poderoso que obstaculiza los planes.
  • Crea momentos donde la magia o la tecnología fallan.
  • El personaje mágico tiene dificultades para adaptarse a la realidad. Eduardo Manostijeras.
  • Prueba a desarrollar tu historia con secuencias de escenas.

Solución radical: elimina al mago o científico y que la gente corriente se apañe con sus problemas.

El protagonista desaparece

Creemos que un personaje es el protagonista cuando sostiene la trama 80-90 páginas/minutos. En casos como este no es acertado que otro personaje remate el final.

Imagina una película de Los 4 Fantásticos donde Silver Surfer derrota al villano en la última secuencia. Oh. Espera. Existe. Y en parte, es el motivo de que provoque descontento entre los seguidores.

Protagonista. En los 4 Fantásticos (2007) Silver Surfer combate contra el villano mientras que los supuestos protagonistas permanecen al margen.
Los 4 fantásticos y Silver Surfer. Imagen: Fox.

«El público no espera que cambie al protagonista», dice quien comete este error. Apuesto a que este guionista no entendió la propuesta de Psicosis. Anthony Perkins no resuelve la trama de Janet Leigh: acaba con ella (nunca mejor dicho) para comenzar otra.

Es un error que la historia la remate el maestro o mentor, un superior jerárquico u otro personaje del que el guionista se ha encariñado.

Si el personaje que propusiste como protagonista desaparece de la trama:

  • Retómalo.
  • Mata a su maestro o superior.
  • Dale medios y fuerzas necesarias para que salga del problema por sí solo.

Solución radical: mata al protagonista pronto y comienza la historia con el suplantador.


Matar al falso protagonista u obligarlo a seguir la historia —contra su naturaleza— puede ser duro. Has estado meses o años con el personaje. Es parte de ti. Pero qué remedio. La vida avanza cerrando unas puertas y abriendo otras. La ficción, también.

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Publicado en Cómo escribir