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Objetos: Cigarrillos y cromos en Grantchester

 

No todos los guiones son una carrera de relevos de sorpresas. No tiene por qué haber una en cada escena. No necesariamente. Una tonta puede romper un momento íntimo y dramático en el que importan los matices. Pienso en esto tras haber visto una sencilla escena en Grantchester.

Antecedentes: el protagonista —el vicario Sidney Chambers— está desmoralizado porque ve difícil salvar a un joven de la horca.

Primera escena. Con semblante fúnebre, Sidney pasa cajas de cigarrillos por el control carcelario.
Segunda escena. Sidney entra en la celda. El rostro afable, diez cajas de cigarrillos en la mano izquierda, a la espalda. Frente a él, el condenado con la esperanza del niño que espera recibir un juguete.

CHICO
No se ha olvidado, ¿verdad?

SIDNEY
Sabía que había algo…

Sidney finge que ha olvidado. El joven se vuelve sombrío.

CHICO
No importa.

Sidney muestra los cigarrillos. El chico sonríe. Sidney arroja las cajas de cigarrillos a la mesa. El chico saca cromos de fútbol de las cajas.

Otra forma de resolver esta escena hubiera sido no mostrar los cigarrillos hasta que Sidney los hubiera arrojado a la mesa. Hubiera sido una forma básica de querer sorprender al espectador. ¿Qué se hubiera ganado con ello? Nada.
La del tipo oh-mira-los-cigarrillos hubiera roto el momento emotivo. Eso estaría bien en una escena de seducción: oh-mira-flores. Pero Sidney no es un tipo que seduzca a una señorita con flores. Sidney trata de mantener la compostura y bromear en un momento tenso. Un momento íntimo no debe romperse.
La pequeña sorpresa está en que los cigarrillos tienen cromos, en la siguiente escena: Gary, el joven condenado, es un niño con un cuerpo de adulto. Los cromos no rompen el momento: son el broche. Cierra la escena y enlaza con la siguiente (elipsis interna) con el albúm de cromos.

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Publicado en Cómo escribir