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Malos finales (I): El culpable se ha entregado

Miniatura de crimen por Frances Glessner
Sabemos que un argumento de falso culpable acaba con la muerte o la detención  del verdadero culpable o su entrega a la policía. La última solución no gusta: es simplista.

Una solución simplista no es una solución elegante. La entrega del criminal es otra forma de «todo fue un sueño». En ambos casos, el protagonista sale de una pesadilla que el guionista no ha sabido manejar.
«No hay dudas: tenía el arma», dice el policía al falso culpable para dar carpetazo al tema.
Si el verdadero culpable es un tipo con un historial criminal, no creemos que se entregue. En este caso, el guionista pretende escaquearse con líneas así:

POLICÍA: El tipo se ha entregado porque tiene [una enfermedad degenerativa] y quiere tratamiento.

Cuando no es una enfermedad es «quiere estar cerca de su esposa» o su hija o su madre.

El falso culpable en las series de televisión

Esta manera de acabar una trama la he observado en algunas de series de televisión recientes. Las series no quieren que los protagonistas acusados injustamente acaben en la cárcel. La entrega del verdadero culpable permite mantener a los protagonistas en el espectáculo. Esto provoca un extraño regusto. Hay alivio porque el protagonista ha sido absuelto, pero desazón si «alguien normal» confiesa que mató a un villano. El guionista considera que si público no conoce al falso culpable no sentirá simpatía por él. Por si acaso, se saca de la manga un diálogo tal que así:

POLICÍA: Un vecino ha confesado el asesinato del pederasta. Se sentía culpable de que usted fuera a la cárcel. La víctima había amenazado a su familia.
FALSO CULPABLE: ¿Y qué le ocurrirá?
POLICÍA: Quizá el jurado lo comprenda y pase poco tiempo en la cárcel.

Así quiere el guionista contentar a esa parte del público que ve injusto que alguien que no es malo sea encarcelado por matar al malo.
Por todo esto, un argumento de FALSO CULPABLE no debería acabar con la entrega del criminal. Si el falso culpable es un villano, no lo creemos; si es una persona corriente, no lo aceptamos.
El verdadero culpable debería ser un asesino sin escrúpulos, y el protagonista (el falso culpable o el policía) atraparlo. Ahí está la verdadera satisfacción. Del guionista porque ha hecho el trabajo y del público porque siente que el karma existe (al menos, en la ficción).
 

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Publicado en Reflexiones sobre la escritura

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