La voz del personaje

Cada personaje debe tener su propia voz. No la tuya. No la voz del protagonista de otra película. Además, la voz debe estar en cada línea de diálogo.

Stephen King comenta en Mientras escribo qué es propio de autores inseguros o novatos mostrar en el trabajo cuánto se ha documentado uno o cuánto ha aprendido en la Universidad.

Ponte en los zapatos de tu personaje. Eso es todo. Así hablarán ellos y no tú.

Un ejemplo: La pregunta «¿a cuántos hombres has matado?» es respondida por cada personaje según como es.

Jaime Lannister: la falsa modestia

Cuando Jaime Lannister responde intenta que no se le escape la sonrisa, pero no puede evitarlo. Se vanagloria como guerrero.

La bruja roja: la metáfora

Melisandre derrama sangre cuando lo cree oportuno, pero habla con corrección. En este caso emplea la metáfora. No da un número, pero remarca su habilidad para matar.

Richard Harrow: las cuentas del soldado

Harrow da una respuesta precisa. No lo hace por vanagloria. Es un soldado dentro y fuera del campo de batalla. Cuenta las bajas como aprendió durante la guerra. Un enemigo muerto, un enemigo menos del que preocuparse en el campo de batalla.

Tu trabajo es desaparecer

En estos diálogos, los guionistas han desaparecido. No hay citas célebres; no hay poemas; no hay filosofía sobre la vida y la muerte ni divagaciones éticas. Solo los personajes tal como son.

¿Acaso no puedes tener personajes pedantes? ¡Claro! Pero la pedantería será de los personajes no tuya. Y no formará la columna vertebral de la historia.

Frasier y su hermano Niles son pedantes, pero no estamos interesados en sus conversaciones sobre arte y música. Queremos ver cómo se enfrentan al mundo real cuando salen de sus burbujas.

Tampoco nos interesan las anécdotas de Sheldon Cooper ni sus teorías sobre esto o aquello sino cómo la realidad choca contra sus planes y su tranquilidad.

Realmente, si quieres ser brillante… deja que el personaje hable. Hazte invisible.