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La única regla para escribir que necesitas

La única regla para escribir
La única regla para escribir que necesitas
Imagen por Avi Richards on Unsplash

La única regla para escribir que necesitas está en ti.

Hice tres agujeros de taladro para colgar un cuadro. Los tapé con pasta de dientes blanca… y el cuadro encima. Fue hace años. Creo que si no lo hubiera mencionado, mi mujer nunca lo hubiera sabido.

Ahora, las pequeñas reparaciones caseras de fontanería y electricidad me resultan sencillas. Me había convertido en un manitas para ahorrarme unos euros. Antes nunca intenté arreglar nada. Aún muchas personas consideran que estropeo todo lo que toco. ¿Y sabes qué? No sé los nombres de la mayoría de las herramientas que uso.

Llevo una muestra a la ferretería: «Como esto».

Otras veces llevo una muestra dibujo lo que quiero o describo lo que necesito:

«Es una cosita metálica con forma de U que está pegado a una cosa que…»

Cosa, cosita, cacharrito, plastiquito… Palabras imprecisas pero que me sirven.

Uno de los secretos de la escritura prolífica de George Simenon era un vocabulario restringido a 2000 palabras comunes. El autor descartaba las palabras fuera de la lista. Prefería describir un objeto con palabras sencillas a escribir su nombre si este era inusual.

Pero esta no es la regla de escritura prometida en el título. Es una propina. Aunque es probable que la intuyas.

Antes de mudarme a casa de mi novia —hoy mi esposa— coleccionaba manuales de escritura. Y eso que ya había trabajado en un guion que se convirtió en una película ganadora de dos premios y dos menciones: Violetes (2010).

Seguía buscando la piedra filosofal de la escritura.

No existe.

Apenas encontraba una idea nueva en cada manual que caía en mis manos.


Conocí a un escritor que publicó dos novelas. Dije sobre una de sus tramas:

«Es un McGuffin».

El escritor preguntó qué era un McGuffin. No era el único concepto de narrativa que desconocía.

Era admirable: había escrito dos libros voluminosos de aventuras desconociendo técnicas y teorías de la narración. Le pregunté cómo comenzó a escribir:

«Quería imitar a… Y me puse», dijo.

Me recordó a mis idas a la ferretería. Que no sé cómo se llaman las cosas, pero sé arreglar cosas.

¿Qué hubiera pasado si antes de las pequeñas reparaciones hubiera consultado manuales de bricolaje? Quizá no hubiera hecho tres agujeros. No hubiera colocado un grifo al revés. Y quizá no hubiera aprendido. Yo tan solo me lancé.

Es posible que si estudiara fontanería o electricidad acabaría reparando instalaciones complejas. Es posible que si aquel escritor aprendiera técnicas narrativas mejorase su obra.

¿Y la regla de escritura?

Si llegaste hasta aquí, lo sabes:

LÁNZATE

COMO SEA

LÁNZATE

No seas como esas personas que coleccionan talleres de guion y manuales de escritura. Personas que no escriben porque consideran que no están lo suficientemente preparados.

Pensaréis: «Pero tú das talleres de guion, Javier».

Quiero talleristas con GANAS DE TRABAJAR. No quiero a coleccionistas de apuntes. Realmente, la teoría sobre el guion está gratis en Internet en blogs como Bloguionistas o La solución elegante.

Otra propina:

¿Cómo elegir un taller de guion cuando has pasado por otros talleres?

1. Es preferible que esté impartido por un guionista.
(¿Te apuntarías a un taller de pasteles donde el instructor
no fuera pastelero?)

2. Que asegure evaluar tu guion o proyecto.

Escribir guiones es como bailar. Antes de moverte al ritmo de la música (o fingir que lo haces) no lees manuales de danza. ¡Bailas! Quizá después te apuntas a una academia para aprender nuevos pasos y manejarte con distintos estilos.

Así que lánzate: escribe.


Javier Meléndez Martín - Asesoramiento en la escritura de guiones.
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Publicado en Reflexiones sobre la escritura

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