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Nadie hablará de los «haters» cuando estén muertos

Dorian Gray

Los autores de novelas por entregas tenían detractores, lo que hoy se les conoce como haters, palabra fea pero utilísima porque comprime el concepto «gilipollas con tiempo para ensañarse contra aquello que odia, envidia, le resulta provocador, etc.»

Oscar Wilde respondía a las cartas de los detractores de El retrato de Dorian Grey. Aquellos detractores se tomaban su tiempo en redactar extensas cartas para quejarse por la inmoralidad del protagonista.

Los nuevos detractores no escriben cartas. Usan las redes sociales. Apenas emplean uno o dos tuits para despotricar de una serie solo porque no fue complaciente con sus expectativas.

Resulta difícil a un autor no responder a quienes de manera gratuita y con saña ataca lo que uno ha tardado meses y hasta años en dar forma. Es el impulso de un padre y una madre por defender a su hijo. Un impulso que uno quisiera controlar porque es un desgaste y una pérdida de tiempo. Te afecta aunque seas Wilde o J. J. Abrams. Eres tan vulnerable como el autor de una función escolar. Pero al final hay premio…

Nadie recuerda a los detractores de Wilde. Solo sabemos que les escandalizó Dorian Grey. Grábatelo: nadie hablará de los haters cuando estén muertos.

El odio a nuestras obras se desvanecerá antes que nuestros trabajos, por modestos que sean estos.


Imagen: Dorian Gray en Penny Dreadful. Showtime.

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Publicado en Reflexiones sobre la escritura

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