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¿Dónde acaban las historias?

Love Actually

Love actually me lleva a una reflexión: el principio y el final de una aventura lo marca el artista. El final de una película o novela no tiene por qué coincidir con el final verdadero.

En Love actually, los finales de algunas historias están pendientes… Los aceptamos porque somos adictos a los cuentos con el «fueron felices…»

«Si quieres un final feliz, eso depende, por supuesto, de dónde detengas tu historia».

— ORSON WELLES

El guionista Richard Curtis tiene claro dónde debe cortar cada triángulo amoroso de Love actually.

Cómo funciona un triángulo amoroso en la ficción

La mayoría de los triángulos amorosos en la ficción siguen un mismo esquema:

Triángulo-amoroso
Triángulo amoroso

En el punto 1 ambas personas pueden estar casadas.

En el punto 4, “enamoramiento” podemos cambiarlo por calentura, pasión o capricho.

Los triángulos en el cine del pasado

En el cine del pasado era frecuente no pasar del punto 4 (reconocimiento). En un giro inesperado del guion… los personajes al borde de la infidelidad consideran que han cometido un error y que deben volver a la felicidad conyugal.

Los personajes que llegaban al punto 5 (sexo) recibían castigos: accidentes de tráfico o la muerte a manos del cónyuge agraviado. La censura no permitía el amor fuera del matrimonio.

Los triángulos en el cine moderno

En el cine moderno, lo raro es no acabar en la cama y de aquí a los problemas con las parejas legales.

La diferencia con el cine del pasado es que el final de los amantes es abierto: lo mismo pueden acabar muertos que felices para siempre.

Los triángulos amorosos en Love Actually

Hay dos triángulos: uno que se apunta y otro que se acaba. Y ambas historias están cerradas en la pantalla, pero no cuesta imaginar cómo continuarían.

Recordemos los triángulos:

  • Trama Lincoln-Knightley: El personaje interpretado por Andrew Lincoln (el chico de las pancartas) está enamorado de Keira Knightley, la mujer de su amigo. Es un triángulo en ciernes.
  • Trama Rickman-Thompson: Alan Rickman está casado con Emma Thompson.  Por capricho se embarca en una aventura con su secretaria.

Trama Lincoln-Knightley

La trama Keira acaba en el punto 4 (el reconocimiento del amor):  Andrew Lincoln declara su amor a Keira. Seguro que recordáis la escena de las pancartas con la canción Noche de Paz.

Es una escena tan bonita como oscura. El público no parece recordar que Andrew Lincoln traiciona a un gran amigo (el esposo de Keira). Es una traición cobarde: un hombre soltero arriesga poco confesando su amor a una mujer casada.

Aunque traiciona al amigo, Lincoln tiene más que ganar que perder. Por eso, cuando Lincoln confiesa su amor, la trama está perfectamente acabada. No hay más que contar.

Si la historia se complicara, Keira podría salir perdiendo. Pero recordemos que el protagonista es Lincoln. Y para Lincoln es un éxito que su declaración haya sido aceptada. Por esto Curtis no avanza en esta trama.

La trama Rickman-Thompson

Acaba en el primera paso de los PROBLEMAS. Emma Thompson descubre que Alan Rickman —su marido— le es infiel.

En este caso,  un hombre casado que es infiel puede perder su matrimonio y sus hijos.  Por eso Richard Curtis, el guionista, lleva a Rickman a la zona de los PROBLEMAS. Pero estos problemas no van a más o al menos, Curtis, los omite.

Epílogo envenedado

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Keira, su marido y Lincoln van al aeropuerto a recibir a unos amigos. Lincoln dice a los recién llegados: «Les he acompañado». ¿Por qué Lincoln dice esto? Quiere justificar que siempre está cerca de Keira. La resolución quién sabe si fatal de este triángulo incipiente queda pendiente… ¿Acabará con un Lincoln amargado porque no puede conseguir a la mujer que cree amar? ¿Acabará en un crimen?

Por otro lado, Rickman se reencuentra con Emma Thompson en el aeropuerto. Entre ellos la relación es distante; aparentemente cordial por la familia, pero abre una puerta a la esperanza de Rickman: no se llevan a matar.

En cualquier caso la conclusión es: tenemos que DEJAR CLARO qué puede ganar o perder el protagonista. Y luego dárselo o quitárselo… Y si queremos un final feliz: parar en ese momento.

Para Andrew Lincoln es un final feliz. Para Alan Rickman no tanto pero queda abierta una puerta al reencuentro con Emma Thompson… las cosas de la Navidad.

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Publicado en Reflexiones sobre la escritura
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