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Complejos de un guionista español

En algún momento de nuestra vida hemos querido trabajar en Hollywood.
Hay quién se conforma con añadir a sus trabajos cosas vistas aquí y allá en películas americanas, creando una suerte de collage. Luego están aquellos que sienten complejo de ser españoles y no quieren “hacer españoladas”.  Huyendo de esto, cambian los nombres de los lugares, los personajes, las comidas… (Una lista que se verá en esta entrada). Todo «cuanto menos español, mejor», piensa el guionista o director. Pero con complejos no se va a ninguna parte.

Los lugares

Scranton, Fairmont o Greenville suena suenan tan “exóticos” que los guionistas acompleados no pueden situar las tramas en Mairena del Alcor, La Pobla del Farnals o Higueruelas. Así que inventa los nombres de las poblaciones… o sitúa las tramas en Scranton, Fairmont o Greenville.
Claro que uno puede situar la trama donde le plazca y hablar de lo que le plazca. La pregunta es… ¿Realmente en necesario que una historia de chico conoce a chica o el asesinato del vecino se desarrolle a 10.000 kilómetros de donde uno vive? ¿O es el complejo de españolito el que me hace situar la historia en otro lugar?

Los nombres y los apellidos

Sin duda de un tiempo a esta parte la mayoría de los inspectores de policía o doctores de las películas españolas se llaman Fuentes, Cifuentes, Castillo, Lebrel, Águila, León… ¿Dónde está el inspector Luis Jiménez o la doctora Rocío Sánchez? Es una plaga que se extiende no sólo a los “profesionales”. A no ser que el guionista escriba comedia, rehuye los nombres comunes en favor de Danieles, Davids, Tonys y Jonnys.

Las palabrotas

Están en la vida. Ni tantas que la historia sea un catálogo de ellas —como las comedias de medio pelo—, ni quitarlas de enmedio para hacer una “cosa americana”. Un “tus muertos” es más sonoro que un “que te den”.

Las comidas

¿Dónde están las lentejas y los potajes de garbanzo? ¿Y unos callos? ¿Y una señora tostá con pringá? Ahora todo el mundo come en las series spaghetti carbonara, pizza, macarrones con tomate… Lo mismo los niños que los ancianos. Los personajes no van a tapear, sino a lugares de sushi o «nouvelle cousine».
Torrente mojando un churro en un café es una escena antológica. Pero tú y yo sabemos que no sólo los personajes como Torrente comen churros. Si te invitara a comer churros mañana, me dirás que sí.
Así estamos, con complejos, mientras que en series como Dates, lo que está de moda la es ir a comer a un restaurante de tapas españolas (y bien caras que son).
A mi sí me parece sexy que una actriz coma un buen bocadillo de chorizo al infierno. Y mejor ver quemar chorizos que nubes de caramelo (¿son de caramelo?).

Las celebraciones

Igual odias las procesiones de Semana Santa, los belenes, los villancicos, las funciones escolares navideñas, las comuniones… De acuerdo, nadie te ha pedido que las pongas.
¿Y por qué Halloween, sí, cuando realmente, se disfrazan cuatro niños? Lo que canta, y mucho, es cuando los niños de las películas españolas van disfrazados de “La Guerra de las Galaxias”. Esto dice más del guionista que de los niños. Los niños de ahora no saben quién es Han Solo ni Luke Skywalker, y menos si son españoles.
Estamos llegando a un punto en el que en «Breaking bad» hay más nombres de personas y lugares en español que en algunas películas españoles. Y no, eso no puede ser.

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Publicado en Reflexiones sobre la escritura