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Cómo conseguir que el personaje caiga simpático desde el principio

Me afectaría más la muerte de mi gata que la muerte de 5.000 personas en un terremoto a 3.000 kilómetros de distancia. A mi gata la conozco, a las víctimas del terremoto, no.
En el cine y la televisión la empatía funciona igual: no me importa que mueran 5.000 extras en el desembarco de Normandía, pero no quiero que muera Tom Hanks. A los otros no los conozco, a Tom Hanks, sí, incluso antes de que abra la boca.
El problema es que no siempre vamos a poder contar con un actor tan carismático. Así que nosotros los guionistas, debemos provocar la empatía desde las palabras en el papel.

Los muñecos inexpresivos

Crear la empatía debería ser una ‘técnica’ básica para los que nos dedicamos a las historias, pero no sucede así… Por ejemplo, hace años cayó en mis manos el piloto de una serie de animación para niños con un grave problema: los personajes eran de puro cartón. No podían mover la boca ni los ojos ni las cejas. En este caso, falló el diseño visual. Los niños, sobre todo muy pequeños, quieren dibujos con ojos grandes, boca grande y cejas que señalen las emociones.

Cuidado con los comienzos ruidosos

Hay guionistas/directores/productores que quieren empezar con violencia, con rapidez, con ruido… Así enganchan a los espectadores, pero dejan emociones en la cuneta. Y salvo excepciones, quien empieza con ruido no toca las emociones de los espectadores.
Hay excepciones… Vince Gilligan comienza el piloto de Breaking Bad con una intrigante escena de acción, la interrumpe y a continuación inicia un largo flashback que acaba retomando la escena inicial. A Gilligan le salió bien la jugada, pero no tenía elección: necesitaba llamar la atención sobre la historia de un hombre con cáncer de pulmón.
Pero no nos lancemos a copiar “el truco” de Gilligan con alegría. Tenemos que ver qué conviene a nuestras historias.

Creando la empatía

Pensemos en esta sucesión de escenas:

  1. Un hombre llega a su casa.
  2. Encuentra a su mujer en la cocina y le dispara.

Nos sorprendemos y poco más. Así comienzan muchas películas y capítulos de series.
En la película AMANECER (SUNRISE) dirigida por Murnau, hay una verdadera lección sobre cómo utilizar las emociones. Al comienzo, una mujer de Nueva York va al campo a pasar las vacaciones, sale a pasear de noche y pasa lo siguiente…
La mujer de la ciudad silba tras una valla

Deshazte de tu mujer, vende la granja y vive conmigo en la ciudad.
Ella es tan dulce que en vez de hacerle reproches, lo tapa con la manta.

… Cuando el tipo despierta invita a su esposa a un paseo en barca para ahogarla. Todo lo que pensamos de este tipo se queda corto… Y esto sucede en unos pocos minutos.
¿Cuántas emociones se han creado en AMANECER? Nos hemos enamorado de la dulce y abnegada granjera, estamos molestos, enfadados, no entendemos cómo es posible que su marido quiera matarla, sentimos incertidumbre…

Situaciones grotescas

Pensemos ahora en las situaciones grotescas y humillantes que aparecen en los vídeos caseros emitidos por la TDT. Los vemos, nos sorprendemos (cada vez menos), quizá echemos unas risas (poco probable) y nos importan un pimiento las víctimas de los vídeos. Pero si la víctima fuera nuestro personaje favorito de una serie, nos disgustaría verla humillada: su indignación es nuestra indignación.
No deberíamos empezar una película ni el episodio de una serie con una escena grotesca si no hemos creado empatía con el personaje. Necesitamos sentirnos identificado con el personaje, para compartir su asco, el sentirse ridículo, humillado, las ganas de coger una pistola…
Unos planos son suficientes… ¿Es mucho pedir unos planos para que los espectadores se enamoren de un personaje? Para los guionistas son unas líneas sobre el papel.

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Publicado en Reflexiones sobre la escritura