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El clima-cliché y las historias

Hay climas-cliché, asociados a lugares, que cierran posibilidades a nuevas historias.

En esta entrada hay tres fotografías que tomé ayer con el móvil a las 9 de la mañana en un barrio de Sevilla. Imágenes que desdicen el tópico del sol de Sevilla, y que ayudan a ilustrar el tema.
Una reconocida editora andaluza me comentó en cierta ocasión que en todas las novelas ambientadas en Sevilla hace buen tiempo. Siempre. Los guionistas no mencionamos con alegría el clima porque no estamos seguro de los presupuestos —a no ser que trabajes para HBO o AMC—, sin embargo, cometemos el mismo pecado. (Nunca me han puesto la lluvia que sugerí en una línea).

El clima influye en una historia, incluso puede provocarlo. Y no tiene porqué estar asociado a un lugar concreto.
Escribir «un día soleado en Sevilla» es lo mismo que escribir «un día frío en Moscú». Verdades, cierto, pero que no aportan nada a las historias. Son «climas-cliché» que cierran muchas posibilidades. Sin embargo, un día de niebla espesa en Sevilla ofrece posibilidades: un secuestro, un asesinato, un peatón atropellado, un abuelo perdido, sexo furtivo en un parque…
En ocasiones, tenemos en Sevilla tres o cuatro días seguidos de lluvia que impide a la gente ir a los bares, que obliga a utilizar el transporte público (gente nueva se conoce; gente que nunca hablaba, se habla…) y que, en algunos casos, cambia el humor de las personas. Muchas posibilidades por salirnos del clima-cliché…

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Publicado en Reflexiones sobre la escritura