El rescate de la niña que contaba historias

por Amy Leiton (firma invitada)

Aunque desde que tengo uso de razón he contado historias, bien oralmente o bien por escrito, nunca me consideré escritora. Tenía una imaginación desbordante y mi mundo de fantasía dominaba mi existencia, formaban parte de mi naturaleza, pero apenas les di importancia. Así que mi vida profesional estuvo marcada por mis trabajos como dependienta al principio y una larga trayectoria en las artes gráficas después. Y la escritura o las películas… para los ratos libres. Es decir, para nunca.

Pasé de ser una niña que soñaba con escribir un musical que dirigiría Spielberg (sabía que el director deseaba dirigir musicales), a una mujer rutinaria con una vida gris cuyas ambiciones eran capitalistas: un piso en propiedad, un coche nuevo, un viaje al extranjero… Pero el destino quiso que me quedara sin trabajo a los 41 años y me encontré en un momento de mi vida en que ni para atrás ni para adelante; estaba atascada en un punto medio. Me di cuenta de que me había volcado tanto en un trabajo que no me gustaba, que ya no tenía sueños.

Con el deseo de volver a sentirme como aquella niña llena de historias que fui una vez, decidí estudiar Guion y Realización en la escuela de cine Metrópolis de Madrid. Y ahí fue cuando me di cuenta de que conservaba mi vocación de escritora y que mi pasión por el cine seguía llenando mi vida.

Desde entonces he seguido formándome como guionista, y cuanto más he sabido más dudas he tenido sobre si yo valía realmente para esto. Porque cuanto más sabes de guion más fácilmente ves los fallos, también en ti, y por lo tanto, más historias tuyas descartas. Aunque considero que sé lo suficiente de guion como para no fallar en cosas importantes, tenía la sensación de que mis historias no aportaban nada nuevo. Las sentía irreales, sin verdad.

Estaba cometiendo un error, escribía desde el mundo creado por otros (…) Y empecé a observar el mundo real.

Amy Leiton

Estaba cometiendo un error, escribía desde el mundo creado por otros. Es lógico cuando empiezas, escribir guiones sobre lo que hemos leído en libros o visto en películas. Hay guionistas a los que les funciona, pero no era mi caso. Al menos, yo no sentía las historias como propias.

Así que un día dejé de crear historias que me inspiraban otras películas, y empecé a observar el mundo real. Mi padre tuvo mucho que ver en eso. Él era taxista y un cinéfilo empedernido. Un día me dijo que para él, el parabrisas del coche era una pantalla de cine y me contaba la cantidad de sucesos de la vida cotidiana que veía a través de esa pantalla. Y eso fue lo que me inspiró para observar el mundo que me rodeaba y sacar historias de él.

Hablando con mi abuela, mis tíos, mi madre, mis amigas, he escuchado relatos maravillosos para contar. Por muy rutinaria que sea la vida de una persona, de cada una de ellas se podría escribir un interesante libro. Y precisamente cuando ya tienes la formación en guion es cuando sabes cómo contar una historia. E historias hay tantas como personas en el mundo y como años que haya vivido cada una de ellas.

Me he dado cuenta de que nunca se debe dejar de soñar, porque los sueños nos mantienen vivos. Ojalá yo nunca hubiera dejado de hacerlo. La de historias que tendría ya escritas desde entonces. Ahora tengo que recuperar el tiempo perdido y escribir todo lo que ya viví, antes de que se pierda para siempre. Las aventuras del abuelo haciendo la mili en Marruecos, la abuela perdiendo al amor de su vida, la tía criando a sus hermanos pequeños, el tío cumpliendo condena por un desliz de juventud, papá peleando contra el cáncer, mamá superando una relación abusiva… Tantas historias como personas.

Intento plasmar fielmente mis historias, que son mi verdad, y hacérselas llegar a los demás. Hasta ahora lo he hecho por medio de cortometrajes, pero como no hay que ponerse límites también recurro al teatro cuando no hay fondos para más.

Todavía no tengo la fortuna de poder pagar mis facturas con el oficio de guionista, pero eso no va a hacer que deje de escribir, y por supuesto de soñar con que algún día pueda vivir de ello. Soñar no cuesta dinero y escribir cura el alma, así que no hay mejor terapia.


Amy Leiton es guionista y directora de cortometrajes y obras de teatro. Ha creado FreeXone Producciones para producir sus propias obras que financia con su trabajo de cámara y editora de vídeo. Twitter: @AmyLeiton

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