reflexión sobre la escritura

Malos finales (II): «Todo fue un sueño» y cómo hacerlo y no salir perjudicado

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Los finales «todo fue un sueño» son como los finales de algunas historias de amor.

Un amante quiere más y otro suelta: «Es mejor que lo dejemos» por no decir «no quiero/no puedo/no sé cómo darte más».

El amante queda fuera de juego cuando no lo esperaba. De vuelta a la casilla de salida con una carretilla de frustración. No con tanta frustración (cuestión de grados) queda el público que despierta con el protagonista de un sueño. El público no había sido advertido del sueño. 

Todo fue un sueño

Este engaño duele porque la propuesta parecía clásica: una trama convencional y realista con un desarrollo de manual. Aquí vale como ejemplo canónico La mujer del cuadro dirigida por Fritz Lang. Quienes la ven esperan que Edward G. Robinson salga del embrollo por sí mismo no por falsa magia del guion.

Quien avisa no es traidor

Hay otras historias de amor efímeras con las reglas claras. Los amantes saben a qué juegan. Los finales no tienen fecha fijada pero cuando llegan no son traicioneros. La vuelta a la casilla inicial no duele o no tanto. A veces incluso es un regreso deseado.

El pacto con el espectador es el pacto de los amantes efímeros.

El pacto permite reproducir el esquema «todo fue un sueño» sin engaños. Un pacto implícito en determinados argumentos:

  • Un niño se transforma en adulto por un acto mágico.
  • Una persona salta al pasado y complica el futuro.
  • Una persona se adentra en una realidad virtual/alternativa.
  • Una persona se adentra en un mundo fantástico.

En estos casos el público acepta (incluso desea) que el protagonista no concluya la historia y deje atrás peligros y problemas sin resolver.

  • Que en niño vuelva a ser niño.
  • Que la persona escape del mundo virtual.
  • Que el viajero del tiempo vuelva a un estado anterior al que alteró y no altere la realidad.

En estas historias los protagonistas están al final en la misma situación que al principio. No resuelven nada, no salvan el mundo, no aprenden nada. Tal y como en las historias «todo fue un sueño» pero quién avisa no es traidor. 

Tus personajes pueden mentir, pero tú mejor que no lo hagas y si lo haces, hazlo con gracia.