Search Party: El infierno son los otros, por Gustavo Palacios (firma invitada)

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La verdad es devastadora. Y aún cuando la verdad termine siendo más liviana que lo terrible que en realidad pudo ser, puede convertirse en la opción más devastadora de todas. El arma final capaz de barrer con todas las demás armas. El arma de la banalidad. Y si no es así, que baje Hannah Arendt y lo niegue.

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Gustavo Palacios

Search Party (serie de la cadena TBS, una derivación de TNT) trabaja sobre estas verdades que arrasan y es a su vez una vuelta de tuerca sobre las sitcoms. No es “la” vuelta de tuerca, ya que muchas comedias empezaron a transitar cambios que las acercan al género dramedy, donde la ecuación se invierte y es el término comedia el que en este caso se mantiene un paso por delante. ¿Una comdram? ¿Existe algo como tal? Quizás no la definición, pero sí que existe.

En Search Party se combinan dos referencias muy fuertes a mi manera de ver: la primera es la película de Woody Allen Manhattan Murder Mystery (1993) y la segunda es Seinfeld (1989). De la primera toma su definición, donde una pareja de maduros neoyorquinos (en la serie son jóvenes) desafían su condición de amateurs para intentar resolver un crimen. Pero aún cuando el tema dominante es el de un whodunit asociado a la desaparición de una chica, todo el resto de los subtemas se alinean con lo más clásico de la sitcom.

Casi siempre las sitcoms fueron (y son) comedias de costumbres en cuanto toman como tema, personajes y situaciones las referencias culturales del momento y muy específicamente las que atañen al grupo social y geográfico que vive la historia. No es lo mismo esa comedia en Los Ángeles que en Nueva York. En la zona más rica de NY, que en Queens. Así de específico y demográfico puede ser el tema con las sitcoms.

Desde Seinfeld en adelante la sitcom estiró sus aspiraciones filosóficas. Fue más allá de la crónica/crítica de costumbres para abrazar reflexiones. La denominación de que Seinfeld era una comedia sobre nada, llevaba implícita la declaración de que era una comedia sobre la nada. Esa parte existencialista de Seinfeld residía en que la búsqueda era sobre el absurdo de la vida y las relaciones, y ese absurdo transitaba desde Kafka hasta Ionesco doblando la esquina con Beckett. Eso por hablar de aquellos escritores que se permitieron ser menos solemnes. Pero otros existencialistas podrías ser igualmente nombrados. Desde un precursor como Kierkegaard hasta un Camus o un Sartre. Todo el mundo del sinsentido de la vida conectado con la comedia televisiva es el fermento número dos de la fórmula de Search Party .

Creadores como Woody Allen, Larry David y Jerry Seinfeld, que tienen una tradición judía en común crearon historias en las que se mezcla tanto el azar como la desesperación. Search Party rescata eso. En Seinfeld lo usual era que el mecanismo de la realidad estuviera constituido por engranajes que aplastaran lo que les quedaba en el medio. Como la imagen de Chaplin en Tiempos Modernos (1936). Y cómo un acto pequeño y casual puede volver sobre quien lo ha lanzado, convertido en un monstruo. El efecto mariposa en toda su capacidad, pero no sólo en términos físicos, sino morales. El que agrede y ofende al otro, por pequeña que sea su transgresión, recibirá un castigo desmesurado de acuerdo con su falta. No es la realidad en sí. Es la mirada que el protagonista tiene sobre el mundo que lo rodea la que magnifica este correlato entre acción y reacción. Cómo se premia a los crueles y se castiga a los justos. Es la parábola de Job y es también una forma acuñada por Kafka que Woody Allen expande en Crimes and Misdemeanors (1989) y en Match Point (2005).

De Seinfeld también aprendió mucho Ricky Gervais. Sobre todo en lo que fueron sus dos temporadas de The Office (2001). Allí es donde la nada también se convierte en vacío. El vacío está en los personajes y a veces en esos silencios cuando no hay nada que se pueda decir, cuando no se puede explicar el daño que se ha causado a alguien porque sí, cuando no se puede escapar de las consecuencias de ser descubierto y puesto en evidencia. Es la representación gráfica del momento en que en un sueño descubrimos que todos nos miran a nosotros y a nadie más. Somos los protagonistas de nuestras situaciones desgraciadas. Eso también lo diseñó Kafka. Y su amplificación. Surrealismo y existencialismo no están tan lejos en el mapa de las ideas. Tienen y reclaman territorios comunes de la misma manera que Francia y Alemania vivieron disputándose Alsacia y Lorena. Al final de cuentas, ya se pierde la noción de qué es qué, y qué de quién. Y ese es uno de los fundamentos del sinsentido de la vida.

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Search Party navega sobre las mismas aguas. Carga con el absurdo existencial sobre la espalda y no puede quitárselo de encima en ningún momento. Sus protagonistas son unos desgraciados en el sentido más amplio de la palabra: vanidosos, egoístas, mentirosos, mitómanos, narcisistas. Y que se vean envueltos —por la fuerza de las circunstancias— en la misión “altruista” de buscar a Chantal, una chica desaparecida, es una ironía desde el comienzo. Es cierto que Dory y Drew (la pareja de protagonistas principales), son mucho menos terribles que su otra dupla de amigos (la no-pareja) Elliott y Portia. Pero el grupo funciona de esa manera. La buena noticia, para ellos, es que el resto del mundo es peor y más miserable, pero como consuelo no es suficiente. El grupo está dentro de los Millennials más jóvenes. Tienen unos 25 años de promedio, pero pertenecen de manera feroz a este grupo cultural. Y si se le suma que, en cierto sentido, NY es como una cuna para estos nuevos sellos generacionales, tendríamos que son la expresión más acabada que se puede encontrar de este grupo demográfico. Casi se podría decir que son una expresión exacerbada del mismo.

A su manera, Friends (1994) es un referente de los personajes ya que continúan un linaje que estos empiezan, pasa por How I met your mother (2005) y se proyecta en Girls (2012) sin descartar los vínculos relacionales de The Big Bang Theory (2007). Cada personaje de Search Party podría ser asimilado a un perfil de personaje de Friends donde Dory es claramente Monica, Drew una combinación de Ross y Phoebe, Portia es Rachel y Joey, y Elliot un Chandler hiperdesarrollado. Pensar en la continuidad de carácter de este tipo de personajes a partir de referentes anteriores es ver también una tradición que a partir de Friends viene marcando las líneas más importantes de la sitcom desde hace ya más de veinte años. Que esa línea haya evolucionado pero no se haya reemplazado, indica lo profundamente arraigada que está. Y aún cuando el elemento misterio o noir de la serie sea el de tono menor y funcione más como un McGuffin de la historia, es el que define su entidad como tal.

Si sitcom es el género/formato de Search Party , la atmósfera del misterio es la que le otorga marco y tono. Detectives como Columbo (1971) o aficionados como Veronica Mars (2004), le dan sustento. Aunque por encima de ellos están los referentes extratelevisivos creados por Woody Allen y Diane Keaton para la ya citada Manhattan Murder Mystery. Pero, si siguiéramos el linaje, ¿se podría perder de vista a Abbott y Costello? ¿O incluso a Scooby Doo (1969)? Search Party es un gran vaso contenedor de todos estos referentes y los proyecta hacia adelante. Proyectarlos, en este sentido, es que los renueva. Tiende un puente hacia el futuro que viene a mejorar lo que ya existe. Porque aún cuando How I met Your Mother fue una serie muy bien ejecutada, que introdujo muchísimos elementos de saltos narrativos arriesgados para contar sus episodios y sus personajes tuvieron entidad propia, en ningún momento dejó de ser un remedo de Friends. O cuanto menos un eco con una voz muy bien afinada. Y duró mucho en pantalla, lo cual habla de lo bien hecha que estaba. Pero sobre el mismo modelo, y con las aportaciones generacionales que traen GirlsSearch Party, nos encontramos con alternativas mucho más innovadoras. Y desde mi punto de vista Search Party , desde la humildad de su producción, ha tenido una temporada más contundente y brillante que Girls. Más nítida y menos autocomplaciente. Ahora, que su primera temporada haya sido un logro no tiene por qué ser una garantía de buen futuro. Con muchas series sucede que logran pisar con muy buen pie en su entrada a la pantalla y en la segunda temporada se esguinzan. No sería la primera vez. Pero mientras tanto es muy bueno disfrutar de un trabajo hecho con cuidado e inteligencia. Tanto como para esperar con ganas a que vuelvan Dory y su grupo, y ver qué serán capaces de inventar.


Gustavo Palacios es periodista, guionista, dramaturgo, coach de actores (El porvenir es largo, TVE) y director de cine (cuatro mediometrajes y una decena de cortos). Ha escrito guiones de la serie Géminis (TVE), producida por Teleficción. Es guionista productor y director de webserie Invisibles y Positivas.

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