El drama: dos veces, no

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Ella perdió un hijo. Lloramos con ella. Volvió a quedarse embarazada y en su octavo mes, el malvado guionista —como debe ser— la envuelve en una tormenta en el mar, en una barquichuela, y justo ahí y entonces, ella rompe aguas.

Puede morir, puede morir el bebé, pueden morir los dos. Realmente, el bebé no nos importa tanto porque no lo conocemos aún, pero complica la escapada de la tormenta. Uno como espectador está de los nervios. Ama al personaje. Como guionista, uno intuye que ella no morirá y que probablemente tendrá el bebé. Y así ocurre.

El guionista malvado no es tonto: sabe que escribe un producto comercial y tiene en cuenta que un personaje no debería pasar dos veces por el mismo drama. Sería repetitivo. La segunda vez, como un segundo beso, no tiene igual fuerza. Por esto, Bruce Wayne (Batman) y Máximo Meridio (Gladiator) pierden a sus familias en la misma escena. A partir de una TRAGEDIA ÚNICA Y EXCESIVA el personaje se reconstruye.

Lo mismo para la muerte de la familia del héroe vale para la pérdida de salud. Luke Skywalker pierde una mano. Más tarde no pierde una pierna. Y si le ocurriera, incluso podría ser cómico. Un personaje puede ir muriendo de cáncer a lo largo de una película o una serie, pero no puede, por ejemplo, salvarse de la peste y volver a contraerla. En el drama, la repetición aburre o nos insensibiliza o puede ser irritante (como en ciertos dramas europeos).

Por esto deberíamos evitar hacer pasar al personaje por las mismas penurias. Caemos en el cliché de antes-no-pero-ahora-sí o molestaremos al público con una pretendida muestra de realidad.

La vida puede llegar a ser muy cruel. Recuerdo a un huérfano que perdió a sus padres adoptivos en una inundación. Y tú como autor estás en tu derecho de matar a toda la familia del héroe, uno a uno, con saña.

Quizá pienses en los Stark de Invernalia: la familia disminuye cada ciertos capítulos de Juego de Tronos. Son muertes que afectan al público, pero la separación de la familia Stark impide que uno de sus miembros asuma el peso del dolor. En esta serie, el público es el receptáculo del drama, pero los guionistas ponen cuidado: esperan que los cadáveres de los personajes queridos estén fríos antes de matar a otros favoritos del público. (Qué error que la resurrección sea una posibilidad en Juego de Tronos: resta dramatismo a la muerte: complace a los espectadores menos exigentes).

Para evitar que un personaje sufra dos veces la misma nefasta experiencia, quizá lo que conviene es otro drama. Si el personaje perdió su primer hijo, su siguiente drama será perder su fortuna o padecer una extenuante enfermedad o sufrir un grave accidente. Si saldrá vivo o no de estas pruebas es otra cuestión. Puede morir como Máximo Meridio, pero esta es una muerte dulce. Si primero muere el malo, aceptaremos la muerte del héroe con lágrimas.

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