El cine digital y la digitalización del cine

Por David Alonso (firma invitada)

David AlonsoSiempre que se ha debatido el tema del cine en relación con el arte he intentado tener un punto de vista realista sobre las cosas; una dosis de distancia y de relativización me han permitido siempre distinguir entre arte, cultura y audiovisual. Las veces que, por ejemplo, he rodado videoclips —más allá de las referencias estéticas o pictóricas que estuviera utilizando—, nunca he pretendido que tuviera que ser considerado como una obra que trascendiera. Nunca me ha preocupado, ni lo he intentado tan siquiera, que tuvieran que ser rodados en soporte cine.

En otras ocasiones, cuando he rodado películas, he abogado siempre por rodar en película, independientemente de que haya tratado géneros más o menos populares y de que me haya interesado por el carácter de «entretenimiento» del medio en cuestión. No tiene porqué ser —y en realidad no creo que lo sean—, obras de arte; pero sí referencias culturales de un momento determinado que van a persistir durante cientos de años.

Hay otros aspectos interesantes a la hora de contemplar que el soporte digital —aparte de sus evidentes ventajas en algunos aspectos—, no tiene necesariamente que ser mejor (con independencia de que, seguro, en España, no volveremos a rodar en cine). Por ejemplo, hace pocos años, alrededor de 2010-2011, el departamento de ficción de Canal+ Francia incentivó a que las productoras que rodaban miniseries, TV movies y otros formatos para su cadena utilizaran el 35mm dos perforaciones (Techniscope). La película también aporta un mayor valor de mercado, y una componente de referencia de calidad de cara al espectador. Eran los argumentos utilizados por el director del departamento de la cadena francesa.

Son incontables las horas que todos hemos pasado hablando acerca de la digitalización, del HD, de las nuevas cámaras… Me apasiona, aun en los momentos que estamos viviendo, la idea de poder rodar algo en película, no porque sea guay, sino porque marca una gran diferencia.

Es posible que ocurra algo similar a lo que pasa con la moda —que en pleno s. XXI nos trae de vuelta los años 80 del siglo pasado—, y de la misma forma que ya ha ocurrido con el mundo de la música —y ahora muchos aficionados abogan por la vuelta de los discos de vinilo y el sonido «analógico».

Quizá tenga que ver con el propio concepto de digitalización de la «imagen» y del audiovisual. Es algo que, creo, va más allá de ejercicios nostálgico-románticos, pero también más allá de puntos de vista «demasiado inmediatos».

De la misma forma que a nadie se nos ocurriría dudar de las potenciales ventajas —en aumento de contenidos y posibilidades— que ha traído la digitalización de la televisión, tampoco a nadie se le ocurriría dudar de que la calidad de imagen de la tv era mejor cuando todavía era analógica. (Otra cosa sería entrar a analizar si, en España, ese potencial de posibilidades y de ventajas para el espectador que acarrea la TDT se ha visto convertido en algún tipo de realidad).

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Afortunadamente pasó ya la época de hablar de aquello de la «democratización del cine», una expresión que vino de la mano de la irrupción del HD en el mercado audiovisual. Aunque, a la postre, ha terminado quedando lo que es el fondo de la cuestión: la digitalización del cine.

Esa digitalización del cine es evidentemente irreversible —y afortunadamente desde un punto de vista tecnológico nos lleva más allá del HD. Es un cambio de modelo tecnológico que implica un cambio de modelo cultural (al menos hasta cierto punto).

(Para referencias acerca de la proyección digital: Hollywood Reporter (2013), NAB: 75 Percent of Theaters Are Digital Worldwide. Y para referencias acerca de la estandarización del cine digital:  Wikipedia (2013), Digital Cinema Initiatives).

Es un cambio que trae consigo no una «democratización», pero sí un abaratamiento de las herramientas de producción, de las cámaras —no tanto de las ópticas—, y especialmente de los procesos de postproducción. Este abaratamiento conlleva aspectos positivos porque aumenta las posibilidades de que todo el mundo pueda rodar algo, sin necesidad de tener que invertir una fortuna… Y acarrea también otros aspectos negativos, porque la idea de «más barato = menos cuidado» se aplica a todo, a veces sin darnos ni cuenta. A lo tecnológico, al contenido, a la preparación… Y la digitalización —que en sí misma no es ni buena ni mala, sino un proceso de la tecnología—, nos acaba llevando por los derroteros de la sociedad que necesita «dejarse consumir» por la inmediatez.

Puede que sea la propia inmediatez la que nos esté impidiendo «ir un poco más allá» de las ventajas del cine digital. Al olvidarnos del cine, nos olvidamos de que lo que hacemos cuando rodamos algo —por ejemplo ahora en las primeras décadas del s. XXI—, está conectado de alguna forma con lo que se hacía a finales del XIX. El cine, no sólo como contenido o como manifestación cultural, sino también como soporte, es importante porque nos sobrevive. Y este mismo olvido está relacionado con otro igualmente trascendente —y que es la otra cara de la moneda—: el soporte cinematográfico es, por ahora, el único seguro para la conservación del patrimonio fílmico. ¿Estamos seguros de que las películas conservadas en discos duros, u otros soportes ópticos de memoria o digitales, van a ser recuperables cuando nosotros hayamos muerto; dentro de otros cien años?

(Para algunas referencias acerca del patrimonio fílmico: Books Google (2005), La muerte del cine y también, Digital Agenda for Europa, Protection-film-heritage).

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Recuerdo ahora una frase del director y artista visual Samuel Bayer cuando hablaba, en una bobina documental sobre cine, acerca de este tema:

«…You know? I feel that the revolution (digital) never happened… Do you know what I mean? The revolution never happened and there’s… Is people that know film, they talk about HD…»

(¿…Sabes? Creo que la revolución nunca ha ocurrido… (Hablando del digital) Si sabes a qué me refiero. La revolución nunca tuvo lugar y es… En realidad es la gente que no conoce el cine la que está hablando de HD…”)


David Alonso es director de cine y guionista. Como director ha dirigido, entre otras películas: Tres días de abrilMás de mil cámaras velan por tu seguridadMemorias del ángel caído y Bajo un cielo extraño

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