Cómo nos encariñamos de los personajes I

Me resbala

 

—Pero qué tontería más grande —mi mujer riendo y secándose una lágrima.
—Sí, qué tontería —yo, sin parar de reír.

Estábamos viendo, por primera vez, el programa llamado “Me resbala”. Un escenario inclinado, una escena sin más guión que unas líneas de acción, y cómicos más atentos a mantener el equilibrio que a improvisar frases ingeniosas. Y nos estábamos riendo. ¿Por qué? Habíamos visto zapeando vídeos de caídas y trompazos que despertaron en nosotros profunda indiferencia.

La respuesta está en el background de los cómicos. En ellos mismos, como personas mediáticas. No vemos a una persona desconocida que se cae por un escenario inclinado; vemos a un cómico que durante una o dos décadas nos ha hecho reír. Aquí hay una lección fundamental para todo guionista, escriba drama, comedia o melodrama: el personaje está por encima de la trama. El personaje es quién nos atrae, quién nos conduce a través de la historia y nos atrapa.

truffaut_hitchcock

Hitchcock hace trampa cuando dice que prefiere situaciones fuertes a personajes fuertes, porque cuenta con actores como James Stewart o Cary Grant. El background de los actores —los personajes interpretados en otras películas— ayuda al espectador a empatizar con los personajes de Hitchcock.

El maestro inglés es consciente de esto, y cuenta a Truffaut que según el tono que pretenda dar a una película escoge a Grant o Stewart. “La ventana indiscreta” es una película para Stewart porque Grant hubiera parecido un depravado espiando a los vecinos, dice Hitchcock.

Así que de alguna manera una estrella allana el camino de una historia. Una estrella por sí misma evita la presentación de un personaje. Un Robert de Niro con traje oscuro y gafas de sol es nuestro mafioso icónico contemporáneo o Drew Barrymore la chica pizpireta y a ratos melancólica a la que enamorar.

¿Pero qué podemos hacer si no podemos contar con un cómico conocido para predisponer al espectador a las risas? ¿Si nuestro personaje no es histórico ni conocido por la actualidad? ¿Cómo podemos enamorarnos de un personaje si carece de atractivo físico y es desconocido? ¿Quizá empleando a un hombre y una mujer corrientes, con los que los espectadores pudiera identificarse de inmediato (“ese soy yo, y podría pasarme a mi”)? ¿No estaríamos cayendo en lo mundano, cuando lo que pretendemos es montar un sueño?

Meditaciones…

3 thoughts on “Cómo nos encariñamos de los personajes I

  1. Enver Melis Yañez 9 enero 2014 / 1:28 pm

    Pero quizás lo que estamos pretendiendo montar no es necesariamente un sueño.

    • Javier Meléndez Martín 9 enero 2014 / 1:48 pm

      Buen comentario. Por supuesto, cada historia requiere de unos personajes y viceversa.

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