La comedia y el chino que se suicidó comprando zapatos

Un chino se suicida tras pasar cinco horas de compras con su novia

El titular de los periódicos online captan la atención de los lectores. El cuerpo de la noticia no cuenta el estado de la relación de la pareja, sólo relata los minutos previos al suicidio —según testigos—:

Tao Hsiao, el joven suicida, pidió a su novia volver a casa porque llevaban comprando cinco horas y estaba cansado de llevar bolsas.“Tienes más zapatos de los que puedes gastar en toda tu vida”, dijo Tao. Ella le acusó de tacaño. Él dejó las bolsas en el suelo y se lanzó al vacío desde el séptimo piso del centro comercial, cayendo sobre las decoraciones navideñas.

Las redes sociales ríen. El guionista también ríe; el guionista es persona. Después, comprende que el suicidio de Tao es la culminación una tragedia gestada durante meses o años. Es posible que la vida de Tao no fuera perfecta. Las compras navideñas fueron para Tao lo que el pomo para James Stewart en Qué bello es vivir: una chispa que hace hacer saltar un polvorín de insatisfacciones.

La muerte de Tao ayuda a comprender cómo funciona la muerte en los guiones.

La fórmula de la comedia  de “tragedia más tiempo” (Delitos y Faltas, Woody Allen) se amplia. La comedia es una tragedia filtrada por las distancias emocional y física. Las redes sociales ríen, porque no conocían a Tao. La familia cercana de Tao está afectada; los primos lejanos menos; los vecinos, según la familiaridad o trato que tuvieran. Para un internautas de México, Madrid o París, Tao es un chiste: “Un chino que…”

El guionista comprende esto y sabe cómo usar la muerte para el chiste o para el drama.

Un personaje que intenta suicidarse puede ser gracioso, pero los suicidios consumados no lo son. Lo mismo ocurre con los asesinatos: Dexter nos hace reír cuanto más lejos del cuchillo está.

Los funerales han inspirado momentos de humor en el cine y las series, pero no los asesinatos no tienen gracia. Jack Lemmon y Tony Curtis huyen de la matanza de San Valentín. Escuchamos los tiros. Vemos uno de los instrumentos agujereados. Pero no vemos la sangre. El tono de comedia sofisticada elude la violencia.

El asesinato puede ser un momento de catarsis (se hizo venganza, el malo murió), pero el espectador no ríe, sólo siente alivio; si ríe, es porque el héroe está a salvo.

El guionista sabe que la muerte de Tao puede ser reinterpretada de distintas maneras, según qué resultados se espera:

Una conversación tarantiniana

JULES: ¿Te acuerdas de Tao?

VINCENT: ¿El chino del restaurante de la 23?

JULES: El mismo. Fue de compras navideñas con su novia, cinco horas comprando, hasta arriba de paquetes. Le dijo a ella: Eh, tía, volvamos a casa ¿no ves que no puedo llevar más bolsas? Ella le llamó tacaño. ¿Y sabes qué hizo el muy gilipollas…?

La muerte como anécdota. El espectador escucha estos diálogos sin llegar a implicarse emocionalmente. Tao es una figura ajena a la película.

Una reflexión woodyalleniana sobre el sentido de la vida

Un personaje en un centro comercial cargado con bolsas de zapatos, cuenta al espectador cómo se siente:

WOODY (VOZ EN OFF): Me acuerdo de aquel chino que se suicidó en un centro comercial. ¿Saben de quién hablo? Estuvo cinco horas comprando zapatos con su novia...

El suicido de Tao trasciende la anécdota, y origina una reflexión sobre la vida, la muerte, la pareja, las compras navideñas, el consumismo… En este caso, el espectador no siente la muerte de Tao —no lo conoce como personaje—, pero se identifica con el narrador.

La muerte de Tao como drama existencial

Tao en 90 minutos. Su insatisfacción con el trabajo y la pareja. Los sueños rotos. Un futuro oscuro. En el minuto 91 Tao con las bolsas, su novia exigiéndole que cargue con más bolsas. Discuten. “No me quieres, eres un egoísta”. Tao deja las bolsas en el suelo y se arroja al vacío. Un drama que no concede esperanzas al espectador. Es posible que el espectador odie al director (el guionista es un personaje invisible).

No es raro que la muerte de algunos personajes de ficción nos afecte más que la muerte de algunos vecinos. A algunos personajes lo hemos conocido durante dos horas o doce capítulos; de muchos vecinos sólo conocemos sus nombres en los buzones, un hola y un adiós. Los vecinos están a pocos metros, quizá en frente, pero lejos de nuestro corazón. Los personajes son inalcanzables, no podemos palparlos, pero nos han removido por dentro. Ese es el trabajo del guionista: remover a la gente, saber cuándo un suicidio podría ser un chiste y cuando el comienzo o el fin de una tragedia.

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