“Kill your darlings” (*)

Por David Alonso (firma invitada) **

¿Hay distintas formas de personalidad múltiple? 

Desde el punto de vista terapéutico no tengo ni idea —será cuestión de preguntar si hay algún psiquiatra en la sala—, pero desde el punto de vista cinematográfico, puede que haya una forma muy fácil de ser víctima de las múltiples personalidades. Tiene que ver con la situación habitual de muchos de los que nos dedicamos profesionalmente al audiovisual. Además de ser autónomos —que bastantes conflictos crea ya de por sí—, el tema se agrava si, como en mi caso, te dedicas a la dirección, al guión, a la producción, a la enseñanza…

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¿Cómo se afronta una actividad profesional (que has elegido por propia decisión y por gusto) desde puntos de vista aparentemente tan distintos? 

Esta “personalidad múltiple” me ha creado no pocos conflictos a lo largo de los últimos años de profesión. Si atendemos a los modelos tradicionales (lo primero que solemos hacer cuando comenzamos en una profesión) los perfiles del guionista, del director y del productor son contrapuestos. El propio cine, además de otras muchas “leyendas urbanas”, nos ha enseñado que el rol del director como autor incomprendido —eterno adolescente en lucha con el mundo—, se enfrenta directamente al del enriquecido productor —eterno cosechador de subvenciones y dinero ajeno— que además, tiene derecho de pernada sobre las páginas del guionista… Cuanto más creas en estos clichés, más difícil te lo estás poniendo a ti mismo como profesional.

Finalmente acabas comprendiendo que lo mismo que en un primer momento te crea conflictos, esa especie de diferencia irreconciliable entre lo que “quieres” escribir y lo que “se puede” producir (o financiar); esa diferencia entre lo que suena estupendamente en el papel y la realidad de las circunstancias de rodaje, te obligan a mensurar… Todo eso es lo mismo que te puede servir para aprender a manejar mejor tus recursos en la vida real.

En esa “vida real” (la producción del audiovisual) lo que cuenta es la sinergia, de modo que puedes acabar por saber utilizar a favor tu trastorno de conflicto de personalidad. Hacer de la necesidad una virtud sería otra forma de decirlo. De modo que, en realidad, todo pasa por la “formación”, ya sea una formación ortodoxa (en algún tipo de escuela) o un aprendizaje autodidacta.

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Desde el punto de vista de profesional del audiovisual, los productores son los que más deberían saber de técnica y metodología; y como guionista y/o director deberías saber medir el tipo de guión y proyecto que tienes entre manos, y en qué medida es adecuado para el mercado audiovisual en el que te manejas. Todo lo demás es sufrir inútilmente (incluido cuando un productor sueña con poder encajar en un presupuesto mínimo, un proyecto muy grande y que, generalmente, se está mirando en un espejo equivocado, el de la producción de Hollywood).

Me temo que en muchas ocasiones estas cosas ocurren por un falso concepto de “traición”. No existe esa traición al guión, o esa traición a lo que “necesitas contar” (y que es tan-tan-tan importante que no se puede ni replantear), ni esa traición a ti mismo. Sino, mucho más, un concepto equivocado en el origen de un proyecto. Lo que en Hollywood llamarían “matar a tus queridas”. Se trata de una cuestión de “sintonía” entre los que escribes, lo que eres capaz de rodar y lo que se puede financiar (sin morir en el intento, porque no conviene morirse por ninguna de estas tres actividades). De modo que, si desde el primer momento tienes la suerte de poder manejar herramientas para las tres cosas, mejor que mejor. Porque en el fondo es como un tema mecánico, se trata de manejar herramientas. Y es que como escribe Christine Vachon sobre el oficio de productor:

“Si trato con un director obsesionado con perfeccionar su visión, empatizo. Ahora bien, cuando estás luchando continuamente por hacer películas con las cantidades con las que lo hacemos, estás interrogando al guión continuamente… Un director “psicópata” es alguien que es incapaz de llevar su tarea adelante, que aliena a los actores y que no tiene capacidad de crear una visión de conjunto. Hay que volver al principio de las cosas: ¿Estáis todos unidos en una visión de conjunto? Si no, estás montado en un tren descontrolado…”

En el original:

“When I deal with a director who is obsessed with perfecting his or her vision I am very sympathetic. Right now, when we are struggling to make movies for the amounts we used to, we are constantly interrogating the script, the vision and the aesthetic to figure out what we can and can’t compromise on. I can’t work with a director who doesn’t have any ability to compromise, but I have to work with a director who has the ability to say: “This is it. I can’t go further” – because at the end of the day it is his or her vision that I’m there to support. When a director is obsessed with perfection, I can handle that. A “psycho” director is someone who can’t make their days, alienates the actors, and is unable to bring the team together. It comes back to the one thing: are you united for a common vision? If not, you’re on a runaway train. Film has no value until it’s done. If you realise at the beginning of a production that you may have a director who can’t see it through, it’s really scary. We keep trying to think of a test that we can give to a director to see if they are crazy or not. We only thought of one question, which is: ‘Do you have a relationship with another living thing?’ [laughs]”

Así pues, de lo que se trata es precisamente de eso: de que los conflictos de esa “personalidad múltiple” (guionista-director-productor) te permitan —o no te impidan— tener esa visión de conjunto en la que el resultado del producto audiovisual está por encima de otras cosas.

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* Kill your darlings en urbandictionary.com

** David Alonso es un hombre polifacético: tiene créditos como guionista, director, productor y diseñador de storyboard entre otros.