No somos dioses, somos diablos tramposos

Los que hacemos historias no somos dioses.

Ni el guionista ni el director ni el productor. Por mucho que lo creamos. Somos más parecidos a diablos menores o genios de lámparas que conceden deseos con trampa como en los viejos relatos.

Si el espectador/el personaje quiere encontrar el amor de su vida, pasar un fin de semana tranquilo en el campo o triunfar con su talento le daremos herramientas, le mostraremos el camino en el siguiente punto de giro, y le haremos creer que será fácil. Después torturamos al espectador/personaje durante dos horas o más. Queremos que el espectador pida a gritos que el chico consiga a la chica, que el malo pierda y que los padres estén orgullosos del protagonista.

Al final nos mostramos como diablos que comprenden que hay un punto en el que no es posible añadir más tortura o displacer. Y permitimos, si queremos, porque podemos, que el bueno y el malo se lleven lo que merecen.

Los guionistas somos más como Liz Hurley que como dioses.