Frivolidad y crítica social

Cualquier género cinematográfico puede ser un vehículo para la crítica social. Esto es de Perogrullo, pero algunos lo olvidan. Hay películas sin una coma de realidad, como si hablar de la realidad fuera a sacar al espectador de la película.

Un viejo y frívolo musical como Un día en Nueva York (On the town, 1949) enseña cómo hacer crítica social con dos líneas de diálogo.

LA ESCENA

Tres marinos de un buque de guerra llegan a Nueva York para pasar un día de permiso. Conocen a una chica en el metro y la pierden de vista cuando ella monta en un vagón. Quieren tomar un taxi para encontrar a la chica en la próxima estación.


Un taxista lee el periódico dentro del vehículo.

SINATRA: ¡Taxi, taxi!

TAXISTA: Lo siento, hoy no hago más carreras. Voy a devolver el taxi. Llego tarde.

SINATRA: Por favor, señor.

El taxista aparta el periódico: ¡sorpresa! Una chica con una sonrisa deslumbrante.

SINATRA: Eh, es una chica. ¿Por qué está conduciendo un taxi? La guerra terminó.

TAXISTA: Nunca dejo lo que me gusta.


Un día en Nueva York se estrenó cuatro años después de que finalizara la Segunda Guerra Mundial. Durante el conflicto, millones de mujeres realizaron trabajos que habían estado reservados a los hombres. Cuando la guerra acabó, muchas mujeres dejaron los trabajos.

Los trabajos de entonces no eran perfectos (¿acaso ahora lo son?) Pero seguramente, muchas mujeres pensaban como la taxista (la actriz Betty Garrett): ¿por qué dejar de hacer algo que quiero?

(¿Un ejemplo anacrónico? Cualquier mujer que trabaja tras un mostrador —una dependienta, una oficinista— puede contarte que ha oído «en tu casa tendrías que estar» con brusquedad, incluso con desprecio, más de una vez).

Sigamos hablando de cine: Capra, Preston Sturges, Lubitsch, Billy Wilder, Mel Brooks… dirigieron películas que mezclaban la frivolidad y la crítica social.

¿Quieres criticar lo que no te gusta y ganarte al público? No quieras adoctrinarlo, no lo aburras con tesis. Dale un entretenimiento ligero, inteligente y cuéntale lo que te irrita, enerva o te indigna de estos tiempos.

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4 thoughts on “Frivolidad y crítica social

  1. Cristina 29 febrero 2012 / 11:24 pm

    Bueno, en realidad quise decir que yo, viendo esta peli, no me habría fijado. Supongo que eso tiene que ver más con mis carencias que con el ejemplo que pusiste.
    Por cierto, hoy en día, no dejar lo que a uno le gusta sigue siendo revolucionario…
    Doy fe.

  2. Cristina 28 febrero 2012 / 2:19 am

    Buena solución utilizar el humor y/o la ironía para hacer crítica social. Pienso que en este caso que comentas es puro ornamento en la historia final, que se sostiene sobre pilares más obvios, pero es de agradecer que existan conversaciones estimulantes en una película ligera… Supongo que al espectador normalito se nos escapan estos detalles y, al final de la historia, es cuando nos decimos a nosotros mismos que no ha estado tan mal; un guión solido siempre deja un buen sabor de boca.

    • Javier Meléndez Martín 28 febrero 2012 / 11:18 am

      Puede que esta conversación hoy no llame la atención hoy en día, pero en aquel entonces, quizá lo hizo. La próxima vez buscaré un ejemplo actual…

      Gracias por tu comentario, Cristina.

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