El guionista como protagonista

El ladrón de orquídeas

Hay guionistas que se niegan a que sus personajes tengan defectos, dudas morales e incluso pequeños vicios. Apoyar una causa (de derechas o de izquierdas) sin cuestionarla o el miedo a ser confundido con el protagonista, pueden dar lugar a historias aburridas.

Tres casos

El protagonista es el alter ego del guionista

ARGUMENTO: Dos buscadores de setas encuentran una mochila con 10.000 euros. Uno dice: “Tenemos que entregar esto a la policía”. El otro está de acuerdo. Durante el camino de regreso creen que alguien les persigue. Llegan al puesto de la Guardia Civil. Fin de la historia.

—Falta conflicto —dije—. No me creo que dos tíos encuentren 10.000 euros en el bosque y NINGUNO se plantee quedárselo. Al menos uno quiere quedarse con el dinero.
—Yo es que soy buscador de setas –dijo el guionista.

El guionista y su causa

ARGUMENTO: Un grupo ecologista se opone a la creación de una central nuclear.

—No sé qué puede pasar ahora —guionista.
—¿Los miembros pagan una cuota? —dije.
—Claro, para mantener la campaña contra la central, la página web, los viajes para hablar con el ministro…
—Por ejemplo, puede que algún miembro del grupo quiera quedarse con ese dinero…
—No.
—… o aprovecha el grupo para fines personales.
—No me gusta. En el grupo todo el mundo está por la causa.

El guionista quiere dar un mensaje al mundo

ARGUMENTO: El protagonista considera que la sociedad es alienante y crea monstruos. Es atracado a punta de navaja por dos delincuentes adolescentes y recibe una serie de navajazos que lo envían al hospital. Cuando la policía le pide que identifique a los culpables, no lo hace. Más adelante, comenta a su amigo que “la cárcel no sirve para reinsertar” y está convencido de que con su actitud ha dado una nueva oportunidad a esos menores. Fin de la historia.

—No me creo al protagonista —dije.
—Mi personaje es así —dijo el guionista.
—¿Qué harías si yo ahora destrozara tu coche a martillazos?
—¡Hombre!

Dudar en la adversidad es humano

Algunos guionistas adoran los personajes como Atticus Finch (Gregory Peck) de Matar a un ruiseñor. Un personaje como Atticus no es un error. El problema aparece cuando el personaje se enfrenta a situaciones que podrían hacer tambalear sus ideas y, sin embargo, permanece inalterable. Es cierto que algunas personas refuerzan sus convicciones ante la adversidad o son demasiado perezosas para cambiar, pero el momento de DUDA es HUMANO, es NECESARIO. Si no hay dudas, no hay historia.

DE BUENA ES TONTA

Recuerdo a las vecinas de mi calle enfadadas con la protagonista de una telenovela. Ella permitió que la tía le quitara la casa y la herencia, y que el marido infiel le quitara la custodia de la hija, sin embargo, no reaccionaba. Cuando comenzó a devolver los golpes se ganó el favor de mis vecinas.

6 thoughts on “El guionista como protagonista

  1. Fernando Hugo Rodrigo 23 octubre 2010 / 1:06 pm

    Me gusta lo de “escribir con las tripas”. Es que yo creo que justo eso, las tripas, no son ni el corazón ni el cerebro: es otra cosa, diferente de las emociones y de las ideas.

    El problema de que los personajes se plieguen a la idea, o, mejor dicho, a la tesis del guionista (¡o del productor!) está muy bien expuesto, Javier: es una forma de mostrar que, simplemente, es poco práctico.

    Yo añadiría que, aspectos pragmáticos aparte, es una forma de viciar una historia. La ideología o bien es algo racional, o bien, por circunstancias, algo emocional. No debería colarse. Habría que ir “más abajo”: más “adentro”.

    Al final, de todos modos, siempre habrá algo tuyo en lo que escribas. Tu manera de ver el mundo, pero no tu manera “consciente” de verlo.

  2. Small Blue Thing 19 octubre 2010 / 6:08 pm

    Ya, pero es que, en este caso, no es la villana: ES LA PROTA :(

  3. Small Blue Thing 16 octubre 2010 / 11:40 am

    Diría que no es sólo defecto de los guionistas sino de quien quiera que sea el creador seminal del proyecto. Actualmente escribo sobre un personaje que para todo el equipo artístico es un héroe cotidiano; sin embargo yo he desarrollado un “síndrome de Ally MacBeal” de libro. No soporto al personaje. No me gustaría ser su amiga. No entiendo qué le hace sentirse héroe y peor aún, cómo es posible que mi jefe crea que puede ser un héroe. ¿Saben esos malos monologuistas que hablan de la anormalidad de su entorno pensando que sólo eso va a tener gracia? Pues el personaje es un poco así.
    Y tengo que escribirlo así, pues tal cual lo quieren.
    En este caso, me ocurre al revés que al guionista-ecologista. Tengo que bucear en el personaje y buscarle situaciones en las que pueda hacerle salir triunfante… y cuando puedo, ir canalizando mi descontento, encontrando situaciones en las que salga derrotado. No es fácil, pero se intenta.

    • Javier Meléndez Martín 16 octubre 2010 / 7:40 pm

      Sé lo difícil que es eso. Cuando tengo que enfrentarme a un personaje que odio imagino que lo conocí hace mucho y que fuimos amigos antes de que se volviera estúpido, engreído, mala persona o asesino. Uno acaba sintiendo pena por ese personaje, lo que no significa que exculpe sus malas acciones.

  4. phyde queso de cabra 13 octubre 2010 / 6:06 pm

    Muy buena entrada. Parece tan obvio y, sin embargo, siempre, SIEMPRE hay que escribir con las tripas… Estaba pensando que a los guionistas que describes les faltó encontrarse de verdad los diez mil euros, o dirigir de verdad un grupo de ecologistas en acción, o de verdad convertirse en víctima de un atraco. Quizás todo un mundo de nuevas respuestas se abrirían ante sus ojos. Pero claro, no puedes contar con experimentar lo que a cada uno le gustaría. Por eso da mejor resultado antes de escribir echar un vistazo alrededor, o ponerse a mirar por la ventana, o escuchar a las vecinas. El trasfondo sentimental que deja una telenovela en su momento álgido es interesante… En cualquier caso, yo creo que cerrar los ojos y tratar de sentirnos el personaje (no como el personaje) funciona. Pero hay que invertir tripas.

    • Javier Meléndez Martín 16 octubre 2010 / 7:44 pm

      “Escribir con las tripas”… Me gusta. El corazón o las tripas son tan sensibles que se mueven antes que el cerebro tome el mando.

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