La señora que sabía quién mató a quién

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Ponte en situación… Sales de casa y te diriges a la ferretería para comprar una bombilla. A pocos metros de tu destino ves a una de esas señoras te-voy-a-contar-una-cosa Pero es tarde para dar marcha atrás, te ha visto, se te acerca y comienza una historia:

“¿Sabes quién vive ahora donde el Nicolás…? Es una señora que viene de Barcelona…”

Y piensas: “¡Dios, que me trague la tierra!”

Ponte en situación… Sales de casa y te diriges a la ferretería (otra vez). A pocos metros de tu destino ves una muchedumbre y después a agentes de la policía cortando la calle. Ves a una señora te-voy-a-contar-una-cosa… y le preguntas qué está pasando. Ella te dice:

“¿Sabes quién vive ahora donde el Nicolás…? Es una señora que viene de Barcelona…”

La muchedumbre y la policía despiertan en ti un interés por saber de la señora de Barcelona…

Esta anécdota real te hace reflexionar. Te das cuenta de que quizás tu personaje necesita un martillazo en la cabeza en la primera escena y que después digas al público quién le ha golpeado y por qué. Dicho de otro modo:

El orden en el que se cuentan las cosas altera la atención de los espectadores.

Tres ejemplos claros, al azar (los primeros que me vienen a la cabeza):

Sunset Boulevard, exposición
Piloto LOST, escena inicial
Uno de los nuestros, escena inicial

En los tres casos nos preguntamos: ¿Cómo se ha llegado a esto?

Es un truco que casi siempre funciona.

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