Carrie rescatada

Carrie ensangrentadaStephen King relata en Mientras escribo cómo Tabby, su esposa, salvó Carrie de la papelera.

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Carrie me daba la sensación de llevar un traje de neopreno encima y no poder quitármelo (…)

Recelé de perder dos semanas elaborando una novela corta que ni me gustaba ni podría venderse. Solución: tirarla a la basura.

La noche siguiente, cuando volví del colegio, el borrador estaba en poder de Tabby. Lo había visto al vaciar la papelera, había limpiado de ceniza las páginas arrugadas, las había alisado y se había sentado a leerlas. Expresó su deseo de que acabara el relato.

Aprendí (…) que es mala idea dejar algo a medias sólo porque presente dificultades emocionales o imaginativas. A veces hay que seguir aunque no haya ganas. A veces se tiene la sensación de estar acumulando mierda, y al final sale algo bueno”.

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Muchas veces, los que escribimos guiones pecamos (al menos yo) de abandonar proyectos a la mitad o darles un final precipitado (tópico, soso, previsible) para deshacernos de ellos. Deberíamos recordar a Stephen King, a Carrie y a Tabby.

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