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1 millón de historias desperdiciadas

La vida secreta de Walter MittyHistorias jamás contadas a dos pasos

Me gusta conocer a las personas que asisten a mis talleres: quiénes son, qué hacen y dónde viven. A menudo sus vidas son más interesantes que sus proyectos de guión.
Muchos alumnos traen historias de extraterrestres, de vampiros, de fenómenos sobrenaturales, de fantasías medievales, de secuestros, de atracos a furgones blindados, de cómo asesinar al profesor del taller…

La mayoría de esas historias están condenadas al fracaso. El motivo, me parece, es que los alumnos apenas saben manejar los mecanismos de la ficción; así es difícil levantar una historia con bases irreales. Además, muchos alumnos tienden a lo estrambótico y lo rocambolesco (como si la premisa no bastara). Los alumnos creen haber dado con historias verdaderamente originales y estar revolucionando las estructuras de la narrativa.
La mayoría de esos alumnos podrían, si quisieran, escribir historias jamás contadas…

  • A un alumno que vivía en un barrio conocido por su peligrosidad le pedí que escribiera un ‘Malas calles‘ o un ‘Los chicos del barrio‘ y se dejara de zombis.
  • A una alumna le pedí que escribiera sobre la compañía de teatro en la que trabajó y olvidara la copia de ‘El señor de los anillos’.
  • A un alumno que había tenido jefes miserables en unos grandes almacenes le dije que lo contara y pasara del atraco al furgón blindado.

Incluso la vida cotidiana de algunos de estos alumnos (su trabajo, su familia, sus quehaceres…) era más interesante que los proyectos de guión.
Tu mundo es único
Uno mismo y las personas que conocemos son una fuente inagotable de temas ORIGINALES.
Tus circunstancias son muy distintas a las circunstancias de otras personas. Si hablas de ti, de lo que conoces y de tus sentimientos eres original.
Los guionistas que entienden esto están más cerca de conseguir el éxito que los que escriben sobre vampiros, extraterrestres y fenómenos sobrenaturales.
GUIONISTA: Pero a mi me gustan los vampiros.
JAVIER: ¡Vale! Conviértelos en tus vecinos… Piensa en ‘Déjame entrar’ o en ‘La adicción’ de Abel Ferrara.

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Publicado en Reflexiones sobre la escritura

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